
¿Exagerado? Al contrario. Es una certeza que se graba a fuego en todas y cada una de sus presentaciones a lo largo y ancho del planeta, que se registra para el soundtrack de la humanidad entera canción tras canción, que se hace latente en el fervor multi-generacional que antecede su presencia donde quiera que aterrice su talento.El pasado 11 de mayo se convertirá seguramente en una de las efemérides más recordadas para los fans Beatles chilenos y los amantes de la música cualquiera sea el ámbito que la defina. Y es que el show que convocó a más de 53 mil personas en el coliseo de Ñuñoa es a todas luces el evento más significativo que haya dejado huella en nuestro país en este último siglo (el siglo pasado fue necesariamente su presentación de 1993)
McCartney es todo un profesional, pero, a diferencia de otros, disfruta de su oficio, se alimenta de su público y transmite esa energía cómplice que derrochó junto al resto de los Beatles a lo largo de su exitosa carrera y que volvió a poner al servicio de su público luego de su inevitable quiebre.